martes, 22 de mayo de 2012
Taller 7: " Por accidente"
Llegué accidentalmente a la calle Ahumada, y no pude desprenderme de lo que observaban mis pequeños y comunes ojos.
Sabiendo que tenía otro lugar que visitar, me quedé a mirar la humilde y heroica misión de una agrupación de jóvenes que se dedica a salvar perros vagos. Sorprendida y como la mayoría de la gente lo hace, me acerco sin preguntar a nadie, solo me quedo a observar como una joven que no tiene nada que hacer, alguien que no tiene interés en saber que pasa pero se queda ante la curiosidad que le provoca saber, me propongo hacer el papel de “Vieja Metiche”.
Pero antes de hacer de señora metiche, me dirigía a calle Huérfanos a juntarme con un buen amigo que me había olvidado hace mucho, pero que accidentalmente me recordó y tal vez quiso verme para estar en paz con él.
Antes de llegar a Huérfanos estaba muy perdida, no tenía idea de donde estaba y es que así es la primera salida de una adolescente que nunca en su vida dejaron ir al centro de Santiago y que hoy, por primera vez caminaba sola por sus llena calles, sorprendiéndose de cuanta piratería aparecía en el camino.
Ya había pasado hacer rato Huérfanos, sin darme cuenta seguí caminando hasta que unos tiernos perritos se llevaron mi atención, aquí es cuando hago de copuchenta y decido ver al igual que todos los demás peatones el espectáculo de ternura que estaban dando los perritos.
Frente a mi se encontraba una fundación pro animal, llamada AEDA ( Agrupación de Estudiantes en Defensa de los animales), ellos tenían un stand improvisado en medio de Ahumada, donde pedían donaciones en dinero u objetos ( que obviamente sirvieran para cuidar de los animales), y como un premio extra traían a los perritos para que la gente los pudiera adoptar.
Esto era una novedad tremenda para mi, ya que solo había visto esto en sueños y me parecía totalmente heroico que más gente compartiera el gusto por ayudar a los que no pueden defenderse de la crueldad humana.
Me sorprendía demasiado que la gente se compadeciera de tales criaturas, perfectamente arregladas, perfumadas y vestidas para la ocasión, siendo que cuadras más abajo a los “no disfrazados” los patean y apartan por ser portadores de pulgas y enfermedades extrañas.
Me acerqué rápidamente a una de las niñas que pertenecía a la fundación y le dije:
“Quiero ayudar”, luego de esto anotaron mis datos y a la semana siguiente me reclutaron para limpiar los pequeños hogares que tenían estas humildes criaturas.
El primer trabajo fue duro, arrancar pasto, limpiar excremento, entre otras cosas, la idea era dejar limpio para que ellos durmieran cómodamente sin sospechar de su desafortunada vida perra.
Al pasar las semanas, seguía matándome la espalda, pero esta vez me tocó bañar perros y sacar pulgas, pero sobre todo compartir más con los humildes peludos.
Durante mucho tiempo me dediqué a promover la adopción animal, entregando afiches en las calles a la gente que le interesara dar amor y por supuesto convencer a los adinerados que gastan más de cien mil pesos por lucir una raza "superior" que tal vez cuando es cachorro parece lindo, luego cuando crece y se pone viejo lo desechan.
Ahora, me encuentro alejada de este ambiente, la crueldad humana me ha sorprendido de tal manera, que ha tocado lo más profundo de mi ser. Decidí ayudar desde lejos, enseñarle a mis cercanos, a mis queridos, a los que no saben. He enseñado a querer al humilde que te acompaña siempre, y que no te juzga.
He enseñado a dar la pata al callejero que es valiente.
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