Había olvidado el momento exacto en el que comencé a escribir, cuando de repente me obligaron a recordar para poder explicar mi gusto por la escritura.
Comencé a escribir cuando tenía unos nueve años, cuando debía redactar cartas dirigidas a mi madre, la cual llegaba muy tarde a la casa y la única manera de contarle lo que hacía en el día, era dejarle una carta sobre la mesa.
Luego con el paso del tiempo, seguí escribiendo, esta vez en forma de diario, registrando el día a día de mi adolescente vida. Aunque nunca deje de lado las cartas, hasta el día de hoy las considero importantes al momento de comunicar cosas importantes a otros, a través de la escritura muchas veces expreso más de lo que podría decir oralmente y eso es precisamente lo que me gusta de escribir.
Cosas como conquistar, pedir perdón, demostrar interés, etc… el escribir me ha dado el valor para poder decir lo que mi corazón dice. Y tal vez no sean los grandes escritos, pero me han salvado de varios momentos suicidas.
El escribir para mi, es descargar todo sentimiento positivo y negativo, es limpiarse y también ensuciarse.
Escribir es apalear mi soledad, es evadir mi sola realidad, que a pesar de estar rodeada de gente me siento tan vacía como una hoja de papel sin letras.